Vinos de Maquis
Tradición y Excelencia en viña Maquis
Viña Maquis tiene raíces profundas en el Valle de Colchagua, donde ya elaboraban vino los jesuitas en el siglo XVIII. Más adelante, en el siglo XIX, el viñedo pasó a manos de dos ex presidentes de Chile, quienes celebraban reuniones de gabinete en este paraje privilegiado. Como testimonio de aquella época, aún se conservan antiguos puentes de ladrillo que hoy forman parte del patrimonio cultural de la zona.
En 1916, la familia Hurtado adquirió los viñedos y, una década después, construyó la primera bodega, que sigue en uso hasta hoy. Reforzando su compromiso con la calidad y la sostenibilidad, crearon una nueva bodega de última generación en 2002, pensada para producir vinos que expresen dignamente el terroir del Valle de Colchagua.
A pesar del paso del tiempo y los avances tecnológicos, gran parte del proceso en Maquis continúa siendo artesanal. Aquí, la uva es protagonista: se la cuida con respeto minucioso, interviniendo lo mínimo, para que se presente con autenticidad en cada copa.
El viñedo se encuentra en una ubicación excepcional, entre el río Tinguiririca y el estero Chimbarongo. Estos cuerpos de agua guían las brisas costeras que moderan el clima, protegiendo las vides de heladas y altas temperaturas. Este factor permite obtener vinos intensos y aromáticos, pero con menor graduación alcohólica.
Los suelos son aluviales, con capas de arcilla sobre grava, un buen drenaje y nitrógeno limitado, lo que favorece el crecimiento equilibrado de las vides. El riego por goteo ayuda a mantener un control preciso del agua, clave para obtener uvas pequeñas pero cargadas de sabor, con taninos elegantes y una expresión auténtica del lugar.
Todo esto convierte a Viña Maquis en un rincón único dentro del Valle de Colchagua, donde el cuidado artesanal se traduce en vinos expresivos, elegantes y profundamente ligados a su origen. Cada botella refleja tanto la calidad del terroir como el respeto por una historia centenaria y el compromiso de la bodega con la sostenibilidad y excelencia.
Viñedos de Maquis
Los viñedos de Maquis se asientan en el corazón del Valle de Colchagua, delimitados por el río Tinguiririca y el estero Chimbarongo. Esta “isla vitícola” goza de un microclima excepcional: las brisas frescas que canalizan ambos cursos de agua moderan las calurosas jornadas de verano, favoreciendo una maduración homogénea de las uvas y preservando su acidez natural.
Desde 2002, la bodega opera bajo un modelo de producción sustentable y diseño de gravedad, que permite elaborar vinos con mínima intervención. Cada etapa—desde el podado y la disposición estratégica de las cepas hasta la vendimia manual y la escasa irrigación—busca extraer el máximo potencial varietal. Paralelamente, Maquis abre sus puertas al enoturismo de autor: recorridos guiados por los viñedos, catas en sala de barricas y experiencias sobre el agua en su propio estero garantizan un contacto íntimo con el viñedo y la tradición familiar.
Factores clave que hacen únicos a los viñedos de Maquis:
- Microclima fluvial: La influencia conjunta del río Tinguiririca y el estero Chimbarongo aporta brisas constantes que equilibran temperatura y humedad, prolongando la ventana de madurez de la uva.
- Suelos aluviales de origen andino: Capas de arena, grava y limo depositadas por antiguas crecidas garantizan un drenaje óptimo y añaden matices minerales a las cepas.
- Viticultura de precisión y arte manual: Espaciados calibrados entre cepas, poda selectiva, vendimia a mano y mínima irrigación realzan la concentración aromática de variedades como Cabernet Franc y Carménère.
Terruño de Maquis
Situados en el corazón del Valle de Colchagua, entre el río Tinguiririca y el estero Chimbarongo, los viñedos de Maquis disfrutan de un clima mediterráneo templado con veranos cálidos y noches frescas. Las brisas costeras que descienden por los cauces moderan las temperaturas de verano en 2 – 3 °C y protegen las cepas de heladas primaverales, lo que alarga el ciclo de maduración y mantiene un equilibrio óptimo entre azúcar y acidez. Esta marcada amplitud térmica diurna potencia la concentración aromática de las uvas y garantiza vinos de estructura firme y elegancia sutil.
El suelo es un auténtico lienzo aluvial: una capa superficial de arcilla de más de dos metros, depositada por antiguas crecientes, descansa sobre estratos de grava y arena traídos por los ríos. Este perfil edáfico proporciona un drenaje natural excepcional, limita el vigor vegetativo y fomenta un sistema radicular profundo, resultando en uvas con notable mineralidad y complejidad tánica. Además, la exposición plena del viñedo—dispuesta para captar las horas críticas de sol austral—asegura una maduración homogénea y resalta la pureza varietal en cada cosecha.