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Un país lleno de historia y diversidad
Como en gran parte de Europa, la historia del vino en Inglaterra comenzó con los romanos y se mantuvo viva durante la época normanda. En la Edad Media, sin embargo, el país dejó de lado la producción local y se volvió un gran importador: llegaban barcos cargados con vinos de Burdeos, Jerez y Madeira, mientras la producción doméstica quedaba reducida a los monasterios.
En el siglo XVI apenas se registraban 130 viñedos, un número que se reduciría aún más con la llegada de la filoxera y los estragos de la Primera Guerra Mundial, cuando la tierra tuvo que destinarse a cultivos de alimentos básicos. Para el siglo XIX, las clases altas inglesas preferían los vinos de España, Italia, Francia y Alemania, relegando aún más la viticultura local.
Hoy, la historia comienza a cambiar. Con el clima transformándose, cultivar vides cerca de los polos es cada vez más viable. Aun así, las temperaturas siguen siendo frescas y los fenómenos extremos como granizo o heladas amenazan cada vendimia. Paradójicamente, el vino inglés es tanto hijo como víctima del cambio climático.
No obstante, cuando las condiciones ambientales son favorables, las largas horas de sol permiten una maduración lenta, ideal para producir vinos con aromas y sabores complejos. Además, en varias regiones los suelos ofrecen un balance perfecto entre retención y drenaje de agua, incluso en temporadas lluviosas.
A estos factores naturales se suma la cultura: el pueblo británico ama el vino, tiene un paladar curioso y variado, y sus productores no son la excepción. Aunque los viñedos ingleses y galeses apenas cubren unas 3,800 hectáreas, la industria crece a gran velocidad. En los últimos cinco años las plantaciones han aumentado un 70%, atrayendo inversión internacional.
Las regiones del sureste, como Sussex y Kent, ya gozan de prestigio mundial por la calidad de sus vinos. Sin embargo, los viñedos se extienden mucho más allá: al norte hasta York, al este en Essex, al oeste en Cornwall y hacia el sur en Dorset.
El paisaje vinícola del Reino Unido está poblado de pequeños productores artesanales que invitan a conocer de cerca su trabajo. Así, visitar viñedos se ha convertido en parte vital de la economía del vino inglés, donde cada bodega cuenta una historia de resiliencia, tradición y nuevas posibilidades.
¿Por qué Inglaterra es tan especial?
De importador histórico a productor emergente
El clima como reto y oportunidad
Innovación, diversidad y carácter artesanal
Las joyas vinícolas de Inglaterra
- Chardonnay: La uva blanca de Borgoña y base del Champagne demuestra en Inglaterra su versatilidad: desde vinos cremosos y con cuerpo hasta espumosos ligeros y frescos.
- Pinot Noir: Una uva de piel delicada que exige paciencia y cuidado. Sus vinos suelen ser de tonos claros, con acidez equilibrada y taninos suaves, ofreciendo tintos delicados, pero llenos de matices de aromas y sabores.
- Pinot Meunier: Una de las tres variedades principales de Champagne cobra un papel especial en Inglaterra. Su nombre, que significa “molinero”, hace referencia al aspecto harinoso de sus hojas.
- Arbane: Una rareza que aporta un perfil aromático único, con notas de flores blancas, cítricos y frutas como durazno y albaricoque. Un toque distintivo en los ensamblajes.
- Pinot Blanc: Versátil y encantador, se utiliza tanto para vinos tranquilos como espumosos o dulces. Sus sabores recuerdan a la manzana y la almendra, a veces con un delicado toque ahumado.
- Meslier: Una joya secreta de Champagne que aparece en Inglaterra. Se distingue por sus aromas florales y frescos, con un sutil matiz herbáceo.